martes, 27 de septiembre de 2011

Se rompió el corazón.

No sera ni la primera ni la ultima vez que alguien rompe o le rompen el corazón. Evidentemente al hablar de romper, no lo hago en el sentido literal de la palabra, mas bien me refiero a ese engaño o desengaño amoroso que hace que uno se sienta solo, desangelado, triste, vació, dolorido... mal, tremendamente mal.
Ese fue el caso de Germán, un ser enamorado, locamente enamorado de una fémina buena, guapa y joven, pero no exenta de problemas.
El mantuvo esa idílica relación con seriedad, con compromiso, con convencimiento, pero también con soledad. La soledad que da el interiorizar los problemas tanto suyos como de ella. Una relación invisible, desapercibida, interna, con discreción.
Hasta que un día, triste día, ocurrió. Algo no salio bien. Los problemas a titulo personal acrecentaban. La pareja no se encontraba cómoda, cada día la distancia era mayor y no precisamente la distancia física. Era otra cosa. Hacia un tiempo que esa soledad en la relación no favorecía en nada ese vinculo. Y esa hembra buena, guapa y joven, decidió desaparecer. Así, sin mas. Sin explicaciones, sin reproches, sin mentiras ni verdades y sin mediar discusión alguna.
Germán sintió un dolor profundo, fuerte, muy fuerte. La vista se le nublaba, las ganas de comer desaparecieron, la comunicación con el se complicó. No se concentraba, estaba distante, se le notaba con pocas ganas de... de todo. Le habían roto el corazón.
Fue entonces cuando entendí que los perros también tienen corazón.
Goma blanca de borrar negro.


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